Cineteca


Plaza de Legazpi, 8. 28045 Madrid (Matadero Madrid)
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La Cineteca es una sala pionera del territorio nacional dedicada casi en exclusiva al cine de no ficción, abre nuevas perspectivas para los amantes del género documental, que nació a finales del siglo XIX de la mano de los hermanos Lumière.

La Sala Azcona -llamada así en homenaje al célebre guionista de origen logroñés- es un espacio de difusión de la obra de los creadores del sector cinematográ­fico y televisivo. En torno a ella, se articulan otros espacios -una sala polivalente (la Sala B), el Archivo Documenta, el Plató, la Cantina y, finalmente el Patio de Cineteca - en los que se realizan proyecciones y producciones, de diferentes formatos y estilos, apostando siempre por el riesgo formal y narrativo.

La Cantina del Matadero se trata de un lugar muy especial, ya que es considerado lugar de encuentro del centro alrededor de la comida sana y natural. Esta dispone de una terraza al aire libre de uso polivalente y con posibilidad de proyección.

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    Nación

    1969: Nieves Lusquiños entra a trabajar en la fabrica de loza «Pontesa» a los 14 años. Recuerda el primer sobre con la paga semanal, un sobre beige, no muy grande que tiene que entregar en casa pero que la hace sentirse importante. A los 18 estrena vacaciones con su Diane6 amarillo y descapotable, estrena reuniones prohibidas, los gintonic en «Flope»? hasta que un día el patrón deja de pagar. ¿Trabajar sin cobrar? Ni hablar. Nunca trabajéis gratis, por favor. A la mierda!, exclama Nieves. La intimidad de la historia de Nación es Nieves, personaje-sibila, y un grupo de operarias en el papel de pasadoras, que nos dan a ver lo que representa el fin de una época en la que la mujer había accedido al trabajo industrial. Su experiencia nos llega a través de vestigios, de señales, de imágenes del cuerpo como archivo de acontecimientos, personales y comunales, que colocan en las manos y traen para la garganta batallas campales a la desesperada para mantener los puestos de trabajo. Más los ecos de una frase «¡mira que tardamos en ser nación!», con su reverso en la ruina de las fábricas de loza, de tejidos, de conserva. Las marcas que esa desaparición deja en el filme son inscripciones de momentos de existencia, de voces que entran en conflicto con la iconografía oficial de las mujeres como objetos de «quita y pon». Son acciones que mantienen el no, que desafían el augurio, que se expresan en femenino, que atraviesan la cerca. Es el retorno a los años felices que preservan algunos archivos. Nieves es ella y todas las mujeres que, condenadas a volver «al hogar», buscan una salida diferente. La convivencia con Mónica de Nut, performer y precaria, hace emerger un relato que transita memoria e imaginario hasta llegar a respirar con la película. La voz de la esfinge, destinada a abrir y a cerrar el filme, se desvía de su función y se deja arrastrar por un cuerpo que, en acto, libera los miedos. La arquitectura sonora que compone Mercedes Peón, elemento substantivo de la atmosfera de Nación, se acompasa con imágenes cuyo origen, imperfección y formatos diferentes nos aproximan, en algunos momentos, a un filme de familia y siempre al latido de la sororidad. El Grupo de Empresas Álvarez, al que pertenece Pontesa, referencia en la que se engarza Nación, cierra en 2001 sin pagar salarios e indemnizaciones. La inmobiliaria Subel adquiere parte de los terrenos de las fábricas pero incumple los acuerdos con las trabajadoras que le reclaman, desde hace años, 2,5 millones de euros. El 28 de enero de 2020 el juicio quedó «visto para sentencia».